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martes, enero 27, 2015

I'm back

Hola a todos. He vuelto.

Tras una (demasiado) larga ausencia, he vuelto y, espero, sea para largo. Como cada vez tengo menos pensamientos aleatorios que compartir con vosotros (que diferencia después de 12 años, ¿verdad?) he decidido plantear un "juego" para, por lo menos, sacar unos cuantos post al mes.

Una vez al mes pondré una entrada de lo que me venga a la mente con una petición al final: mandadme algo para inspirar una historia. Me da lo mismo el que. Puede ser una frase, una canción, un vídeo, una foto... o cualquier otra cosa que se os ocurra.

Hasta que saque la siguiente entrada intentaré completar el mayor número de peticiones posible (con suerte hasta meteré cosas que me vengan a la mente). Mi idea, principalmente, es volver a coger mano en la escritura creativa y divertirnos todos un poco. ¿Os apuntáis?

miércoles, septiembre 28, 2011

We used to be friends... Cronología.



Como esta serie de relatos la escribo en un orden un poco aleatorio, voy a ir poniendo aquí el orden en que ocurren los acontecimientos, que no es el orden en el que los escribo. trataré de actualizarlo cuando escriba alguno nuevo pero, para que sea de fácil acceso, va a tener su propia etiqueta: CRONOLOGÍA WUTBF.

Y es que, por si no os habéis dado cuenta, todos los títulos tienen alguna referencia musical... y esa canción tiene la culpa de todo.

Cada Historia



Cuando me llegó la propuesta, casi no podía creermelo. Sabía que Ángela tenía algo que ver en que esa oferta hubiese llegado hasta mi mesa, pero no entraba entre mis planes matar a mi secretaria. Al fin y al cabo, era la única mujer que había permanecido constante en mi vida durante los últimos diez años. Aparte de mi madre claro esta. Tal vez debería regalarle un viaje para ella y para su marido como agradecimiento algún día... a ella por aguantarme, y a él por entenderlo.

Pero me estoy desviando.

Desde que terminé mis estudios, me había dedicado a algo muy simple: estudiar que mejoras tenían que hacer las empresas para mejorar su productividad. Generalmente me contrataban empresas pequeñas que no querían desaparecer o, más a menudo, empresas grandes que acababan de absorber a una pequeña y necesitaban que su inversión fuese rentable.

De hecho la oferta que tenía ahora era de una de las mayores empresas del país, una con la que había trabajado varias veces y que seguía siendo una empresa líder porque estaba dispuesta a pagar tarifas como la mia para ser la número uno. Y no era para auditarlos a ellos precisamente... sino al mayor marrón que había visto nunca en toda mi vida.

Este marrón en concreto era uno de tamaño descomunal. Feo. Asqueroso. Poco rentable. Uno de esos marrones que hace que te preguntes como demonios ha conseguido funcionar durante tanto tiempo. La respuesta, obviamente, es que de puertas para fuera nadie sabe como de marrón es. Ni como apesta una vez que empiezas a rebuscar un poco.

Era un marrón tal que, para cualquier otro, probablemente hubiese pasado desapercibido. Habría hasta disimulado. Y no es que mi competencia sea tal que pueda detectar estos marrones donde mis colegas no pueden, no. Es que había estado trabajando en ese marrón todos los veranos desde que tuve edad legal para trabajar hasta que me fui de casa de mis padres. Por eso sabía lo mal que funcionaba.

Pero eso no era lo peor.

Lo peor era que ese marrón exigía que pasase varios meses, como mínimo, en mi ciudad natal. El lugar donde había pasado los mejores, y peores, momentos de mi vida. Donde vivía ella.

Sabía, por mis padres, que ya tiene un hijo. Y que seguía casada con el vendedor de coches usados, realmente era el jefe de comerciales del marrón pero siempre me recuerda a un vendedor de coches usados por su manera de ser, de su marido. No me dan demasiados detalles... y no es que yo los pida, la verdad. Sencillamente surge el tema cuando pregunto por sus padres. Es lo que ocurre cuando pasé gran parte de mi infancia y mi adolescencia con ellos.

Sin embargo, pese a todo, la oportunidad era demasiado buena como para rechazarla. Ahora me alegro de no haber cedido ante mis instintos de salir a gritar a mi secretaria que no quería volver a ver ese dossier jamás. Entonces lo más coherente que supe hacer fue golpear la mesa tan fuerte que me rompí dos nudillos. Sutileza es mi segundo nombre, que siempre dice mi madre.

Dos semanas más tarde estaba saliendo de un avión y abrazando a mis padres en el aeropuerto. No habían querido oír de que me quedase en un hotel o en un piso alquilado. Al menos esperaba no volver a sentirme en plena adolescencia, con toques de queda y similares. No empezaba el trabajo hasta el día siguiente, de manera que cuando llegué a la casa me concentré en hacer algo muy importante: dormir. Y, entonces, ocurrió lo que siempre había pasado hasta que ella decidió alejarse de mi.

Me despertó unos minutos después de que hubiese conseguido dormirme.

Abrí los ojos, buscando mis gafas a ciegas por la mesita, mientras oía como pedía disculpas por despertarme. Después de todo eran las seis de la tarde y no se esperaba que estuviese durmiendo tan pronto. Como si no me conociese... aunque dicen que la gente cambia con el tiempo.

- No te preocupes,- le dije.- No es la primera vez que me despiertas de la siesta.
- Cierto,- contestó visiblemente incomoda.- Pero no era así como esperaba que volviesemos a hablar después de tanto tiempo.- ante eso no pude evitar encogerme de hombros mientras me incorporaba, todavía en pijama.
- No soy yo quien no estaba nunca en casa ni contestaba a tus llamadas.- Mi respuesta fue bastante brusca, cosa de la que me arrepentí incluso antes de ver su expresión herida.- Lo siento. Eso ha estado fuera de lugar.- era mentira y ella lo sabía tan bien como yo. Pero todavía me quedaba la suficiente dignidad como para fingir que lo sentía. Al fin y al cabo, no quería que supiese que me había roto el corazón y, sin embargo, seguía poseyéndolo.- ¿Qué es lo que querías?.- pregunté con un tono, esperaba, más amable.
- Me dijeron mis padres que habías vuelto y...- levanté una ceja mientras hablaba. No era la primera vez que había vuelto a la ciudad, pero sí la primera que ella intentaba hablar conmigo desde aquel día.- había pensado que podríamos ir a tomar algo. Por los viejos tiempos.
- ¿Por los viejos tiempos?- hasta yo podía escuchar perfectamente la incredulidad en mi voz. Y la ira. Nunca se me ha dado bien disimular la ira.
- Alex, por favor.- el tono de su voz me dijo que algo no iba bien.- Te necesito.

Y con esas dos palabras me desinflé.

Sabía, por lo que todo el mundo me había dicho, que no era feliz. Pero nunca creí que estuviese tan desesperada como para acudir a mi pidiendo ayuda. Sobretodo teniendo en cuenta el tipo de persona en quien me había convertido. O, tal vez, no hubiese cambiado tanto... puesto que con esas dos palabras me tenía ya a su lado, abrazándola mientras derramaba las lágrimas que ya no podía contener.

Pero eso ya es otra historia.

Finis.

jueves, febrero 10, 2011

Memories



A pesar de todo este tiempo, de lo lejos que me fui y de todo lo que intente olvidar, no he podido hacerlo. Y es que, lo malo de los recuerdos, esta en que los más pequeños detalles los despiertan: un olor, un sonido una imagen... Por eso vuelvo a nuestro antiguo barrio, a esta reunión, a intentar convencerme de que estoy mejor sin ti y tu estas mejor con él. De que debo olvidarte y enfocarme en el futuro, en encontrar a otra persona con quien compartir mi vida.
Sin embargo viene tu padre en tu boda y me dice que no eres feliz. Tu hermano en la reunión de antiguos alumnos y lo repite. Y yo me pregunto ¿Qué es lo correcto?

Finis

Escrito desde el htc. Las otras partes de la historia estan también disponibes en el blog.

martes, junio 29, 2010

Recuerdo de infancia

Me gusta la fotografía. Cuando viajo o hay algún tipo de ocasión especial en la que vaya a tomar parte, siempre llevo conmigo mi cámara, cámara que empezó siendo una nikon de segunda mano que me regaló mi padre y ahora ha ido evolucionando, junto con los tiempos, a una canon digital.

La mayor diferencia, entre entonces y ahora, es que a lo mejor cuando me pongo a ordenar fotografías antes ordenaba como mucho sesenta fotos de un mismo viaje mientras que ahora puede que tenga cientos de ellas. Esto supone fotos de las cosas más curiosas que uno pueda imaginar: carteles que me han resultado graciosos por la calle, tropocientas fotos a la misma vista hasta que una de ellas me parece lo bastante buena y una gran variedad de cosas similares.

Hoy, en concreto, ordenando las fotografías de este último año he encontrado una fotografía de una lubina preparada para meterla al horno. Recuerdo perfectamente ese día ya que me hizo mucha ilusión encontrar algo tan sencillo como una pescadera que hablase castellano en un país como Finlandia. Luego, al llegar a mi piso, nos pusimos a cocinar, discutiendo las encargadas de la cena en un popurrí de inglés, castellano y griego sobre las distintas recetas: si había que añadirle esta o aquella especia o hasta cuando mantener la bandeja en el horno.

Cierro los ojos y casi siento como si estuviese allí. El calor de la cocina, que puedo recrear perfectamente con el calor que hace en este Junio español, el olor a comida y las risas. Incluso puedo oler el pescado, tal vez tenga algo que ver el que alguno de mis vecinos este preparando la cena.

Pero no es sólo a esa tarde de Noviembre a lo que me recuerda. Respiro profundamente, sumida en mis pensamientos, y siento que hay otro recuerdo, más antiguo, que parece querer salir pero, como todos los recuerdos, cuanto más intento forzarlo más se resiste en aparecer. Desisto, ya que la memoria es así de graciosa en ocasiones, y decido que es un buen momento para cenar yo también, sobre todo porque quien sea que esta cocinando en el vecindario me ha abierto el apetito.

Me levanto y salgo de mi despacho, evidentemente nada de lo que tenga allí para picar me serviría de cena, y voy a la cocina, la misma cocina que llevamos usando en mi casa desde que tengo uso de razón. Y entonces, al ver a mi madre junto a la nevera, el recuerdo decide acudir a mi.

Era una reunión familiar, como tantas otras. Mi abuelo acababa de salir del hospital por lo que no podía comer muchas de esas cosas que son tan comunes, y llenas de colesterol, en la cocina española: el choricito, el jamón serrano, los distintos estofados y guisos y un largo desfile de platos igualmente deliciosos.

Entonces mi madre decidió, para que todos pudiésemos comer lo mismo, hacer lubina a la sal al estilo de su tierra. Y, como siempre ha sido tradición en mi casa, todos ayudábamos en la medida de lo posible: poniendo la mesa, preparando las bebidas o, en mi caso, haciendo de pinche de cocina. Recuerdo las risas de mis hermanos y a mi madre regañándonos cada vez que intentábamos robar alguna de las frutas con las que iba a hacer los aperitivos esa vez y mi boca se llena de saliva ya que casi puedo volver a saborear aquella cena.

Sonrío y miro a mi madre, que me mira interrogante al ver que llevo casi cinco minutos en la cocina sin decir nada, comentándole que para la próxima reunión familiar podríamos hacer una comida sana, ya sabes, lubina a la sal y cóctel de frutas.

domingo, noviembre 08, 2009

Nada es para siempre


Es curioso como no apreciamos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Siempre pensé que estarías ahí, ayudandome. Poco a poco me fui distanciando, cosas de la vida. El trabajo, la familia, la pareja... parecía que nunca encontraba un momento para llamarte y tomar un café, salvo que necesitase algo, por supuesto. Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses...
En retrospectiva debería haberme dado cuenta de que algo pasaba cuando, de un día para otro, pasamos de vernos todos los días a vernos una o dos veces por semana. Y después ni eso. Claro que las cosas son mucho más faciles de ver en retrospéctiva. Debí... no sé. Haber hecho algo, desde luego, pero no sé el que. ¿Tratar de hablarlo? ¿Prestar más atención a los detalles? ¿Intentar sacarte que estaba ocurriendote (ocurriendonos)? ¿Todas las anteriores? Pero no lo noté. Supongo que mi mundo era demasiado importante como para darme cuenta de nada.
Así que, como iba diciendo, el tiempo fue pasando poco a poco. La gente entraba y salía de mi vida, como es natural, sin prestarles demasiada atención.
Y entonces ocurrió.
Necesitaba llamarte para preguntarte unas cosas. Una tontería, la verdad, pero que sabía que tu podías contestarme. Marqué tu número y, en vez de tu voz, me contestó una voz femenina "el número al que llama no existe". Bueno, podía ser que hubieses cambiado de telefóno movil. Esas cosas pasan. Llamé a tu casa y un perfecto desconocido me dijo "lo siento, no vive aquí". A esas alturas empecé a preocuparme de manera que busqué en mi agenda, esa que todavía conservo desde los tiempos del instituto, el número de casa de tus padres.
Por fin una voz conocida, la de tu madre.
Pregunté por tí... y en vez de un alegre "ah, sí, espera que tomo nota del recado" me respondió un silencio sepulcral y, después, un sollozo. Oí como el teléfono cambiaba de manos y tu padre me daba la noticia. Un accidente. Séis meses antes. Habían llamado a todos aquellos con los que sabían que seguías teniendo contacto. No les culpo por no incluirme en esa lista.
Colgué poco después sin saber que hacer, que decir.
Realmente no hay nada que pueda hacer o decir. Podría argumentar que no fue sólo mi culpa, después de todo dejar morir una relación, del tipo que sea, es cosa de dos. Pero mantenerla viva también. Sólo sé que dí por sentado que estarías siempre allí y ahora me arrepiento de no haber aprovechado mejor los momentos de conversación delante de un café o los largos paseos por la ciudad contandonos nuestras cosas.

Finis.

viernes, julio 10, 2009

Meme veraniego

Desde el blog de Adarae:

Las diez primeras personas en comentar pueden pedirme un relatillo sobre lo que les de la gana. Eso si, puede que tengan que esperar largo tiempo a que me de la inspiración. Lo único que tenéis que hacer es, si lo pedís, poner esto en vuestro blog.

jueves, mayo 21, 2009

Choices




Este relato es algo a lo que llevo meses dandole forma en mi cabeza y, por fín, he decidido escribir hoy. A menudo tomamos decisiones en nuestra vida que marcan todo lo que ocurrirá a partir de ese momento. A veces dichas decisiones no tienen que ver con lo que pensamos que es mejor para nosotros, sino con lo que pensamos que la gente aprobará.
En otras ocasiones son decisiones poco meditadas que tienen que ver con el hecho de que, asumamoslo, el ser humano tiende a escoger siempre lo fácil, lo cómodo, sin reflexionar sobre las consecuencias de sus actos.
Sobre este tema, el de las decisiones y sus consecuencias, recomiendo leer el libro Replay o ver la película Dos vidas en un instante. Son ambos bastante ilustrativos respecto a lo que quiero decir... y sobre como una decisión tomada en un momento dado puede cambiar totalmente nuestra vida. Aunque sea una, en apariencia, tontería.


******

Al atravesar las puertas de mi antiguo instituto me dí cuenta de lo poco que había cambiado el edificio en los últimos años. Aunque ahora me parecía muchísimo más pequeño o, tal vez, fuese yo quien había crecido. No lo supe en aquel momento, ni lo sé ahora. Seguí los carteles que indicaban donde tenía lugar la reunión de antiguos alumnos de mi promoción, cruzándome con algunas caras que me resultaban familiares a pesar de la huella que los años estaban condenados a dejar. Me preguntaba si ellos pensarían también que me conservaba mal.
Una vez cogí mi acreditación, una tarjeta de cartón con mi nombre, y me la puse en la solapa de la chaqueta entré en el auditorio. La música de fondo resonaba por todo el lugar mientras me acercaba a las mesas de la comida, arrugando la nariz al ver que la calidad de la misma no había mejorado con el paso del tiempo. Y yo que había ido pensando que, ya que no eramos alumnos, nos darían algo que no pareciese estar a punto de inventar la rueda. Iba a acercarme a la mesa de las bebidas cuando noté una mano sobre mi hombro.

- ¡Alex! ¡Cuanto tiempo! La última vez que nos vimos fue en la boda de mi hermana y de eso hace casi dos años... ¿Cómo te va la vida?- Allí estaba... su hermano. Rubio, alto, guapo, seguro de sí mismo... e increíblemente inocente. Una de esas personas que daba igual cuanto tiempo pasase, seguirían viendo la vida desde la perspectiva de un niño para el que todo el mundo es bueno y amable aunque, de vez en cuando, tuviese la sabiduría de un anciano que conoce las motivaciones de los demás.
- No puedo quejarme, Tomy, no puedo quejarme. Ya sabes como es esto: mucho trabajo, muchas horas, buen sueldo y poco tiempo para gastarlo. Pero, al menos, hago algo que me gusta, así que no todo es malo. ¿Tú que tal?¿Tus padres bien?- siempre me sorprendía cuando la gente intentaba mezclar las preguntas cuya respuesta realmente necesitaba con otras que, aunque también les interesasen, eran mucho más mundanas. Ahora lo hacía yo.- ¿Y tú hermana?
- Bien, como siempre, ya sabes. Mis padres están muy contentos con eso de que van a ser abuelos.- Ahí fue cuando sentí como si el peso del mundo descansase sobre mis hombros de repente. Ahora comprendía a Atlas... o a Damocles, todavía no lo tengo muy claro. De golpe me entraron ganas de vomitar y, seguramente, todo eso se tradujo en mi rostro ya que, al instante, Tomy me miraba con preocupación.- Alex, ¿te encuentras bien? Nunca había visto a nadie cambiar tan rápido de color... ¿No habrás sido tan inconsciente de probar el catering, verdad?- El comentario consiguió arrancarme una débil sonrisa mientras desviaba mi mirada. No podía mentirle mientras le miraba a los ojos. Me recordaban tanto a los de su hermana... tal vez tuviese algo que ver con el hecho de que sean mellizos.
- Sabes que siempre me gustaron las emociones fuertes... tranquilo, se me pasará. Si no me mata en los próximo veinte minutos, claro. Así que vas a ser tío... estarás contento. ¿Dónde esta tu hermana? Estas noticias merecen una felicitación.- Mientras hablaba no podía dejar de pensar "por favor, que no haya venido, no me tortures de esa manera..."
- Sí... llegó con su marido hace un rato.- Algo en su tono de voz al mencionar al marido indicaba que, a pesar de todo, no le caía muy bien. Lo que me hacía preguntarme que había pasado en el tiempo que llevaba fuera de la ciudad.- Si tenemos suerte en una hora o así se cansaran de hacer el númerito de ejecutivo agresivo y mujer florero y podrás saludarla.- Ese comentario contestaba, evidentemente, a mi pregunta. Momento de cambiar de tema.
- Bueno, ¿y no te animas a sentar la cabeza? - La mirada que Tomy me echó era digna de una foto. Apenas pude aguantar unos segundos antes de echarme a reír.- Tranquilo, tigre, ya sabes que yo no soy quien para hablar de esas cosas, sólo te estaba picando.
- Ahí te equivocas, Alex... siempre he pensado que si no has sentado la cabeza es porque no quieres. Me apuesto lo que quieras a que ofertas no te faltan.- La seriedad en su mirada indicaba que había pasado de niño inocente a anciano que sabe más de lo que dice. Odiaba cuando hacía eso y, sobretodo, odiaba el que rara vez se equivocase.- Otra cosa es que sigas esperando algo que no vaya a ocurrir, por mucho que todos lo lamentemos.
- ¿Esperar? Hombre aparte de a la persona adecuada... ya sabes, es distinta la persona a quien buscas para pasar un buen rato que la persona con quien quieres compartir tu vida.- Con un poco de suerte tal vez lo dejase pasar...- Sólo hay que tener paciencia.
- No cuando te has enamorado ya de alguien, ¿verdad?- No, no lo iba a dejar pasar... recordando la conversación que tuve con su padre durante la boda de su hermana no pude evitar pensar "¿qué les pasa en esta familia? Cualquiera diría que en otro sitio se alegrarían de que su hija estuviese casada y embarazada".- Nunca entenderé porque no luchaste... tu que siempre peleabas por todo lo que querías y dejaste irse a quien más te importaba.
- Dejalo, Tomy. Ella tomó sus elecciones. Yo tomé las mías. Ya no hay vuelta atrás.- Necesitaba salir de allí cuanto antes. No sabía si podría mantener mi compostura de encontrármela en ese momento.- Oye, mira, mañana cojo un vuelo demasiado pronto... saluda de mi parte a tu hermana cuando la veas, ¿vale? Y cuidate.

Sin esperar su respuesta me giré para irme... Y allí estaba. Preciosa, con un vestido que le quedaba como un guante, mostrando su embarazo, sonriendo ante algo que le estaba contando el grupo con el que hablaba. Parecía tan feliz del brazo de su esposo... Entonces se volvió y pude verle los ojos. Y comprendí lo que le ocurría a su familia. Parecía feliz. Parecía sonreír. Pero nada de ello se reflejaba en su mirada... su mirada estaba vacía, triste. Como si esperase algo que sabía que no iba a ocurrir.
Y, en ese momento, me vio.
Fue increíble ver todas las emociones que pasaron por sus ojos en el intervalo de apenas un par de segundos: sorpresa, miedo, anhelo, esperanza y, de nuevo, tristeza. Lo que le había dicho a Tomy era cierto. Ella había tomado su decisión hacía diez años. Y yo la mía. Nada podría cambiar eso, aunque supusiese una condena a muerte de soledad, como decía la canción. Verla de nuevo... hizo que supiese que era el momento de irme antes de hacer alguna estupidez que no me haría ningún bien. De manera que, como tantas veces a lo largo de tantos años, me despedí de ella con un gesto, llevando mi mano a una imaginaria visera.
Mientras caminaba hacía la sálida y mi coche de alquiler me preguntaba como había dejado a mi secretaría que me convenciese de ir a esa reunión. Supongo que tenía que ver con el hecho de que se hubiese propuesto cuidarme como una madre aparte de encargarse de mi agenda y mis reuniones. "Te hará bien" me dijo. "Verás viejos amigos y te reirás un poco" comentó. "Además, seguro que aprendes algo nuevo" concluyó. Repasando mentalmente los argumentos que me dio para convencerme, caí en el detalle. Sabía algo que no me estaba contando. Cuando volviese a mi oficina tendría que hablar largo y tendido con ella.
Saqué las llaves del coche y noté un papel en el bolsillo de mi chaqueta. Abriéndolo vi que era una foto de Tomy, su hermana y yo. No debíamos tener más de quince o dieciséis años y los tres sonreíamos a la cámara... eran sonrisas que llegaban a nuestros ojos. Eramos felices. Tomy debía haberla metido en mi bolsillo mientras hablabamos. Di la vuelta al papel y vi que había algo escrito a lapiz. Al leerlo no pude evitar derramar una lágrima.

"No ha vuelto a sonreír así desde que te sacó de su vida".

Lástima que no dependiese sólo de mi el volver a ella.

Finis.

jueves, mayo 07, 2009

Escala de grises

Gris. Así había sido su vida durante años. Gris y sin color. Recordaba, claro que lo recordaba, que hubo una época, hacía mucho tiempo, donde había estado llena de color y de alegría. Por aquel entonces no entendía los colores oscuros, tristes, duros. Y entonces el color desapareció de su vida.
Sin previo aviso.
De repente.
Sin ningún tipo de anestesia para mitigar el dolor de la pérdida.
Las personas que la querían, o eso creía aunque sus acciones a veces le hiciesen dudarlo, intentaron que el color volviese a su vida. Citas a ciegas a cada cual más... extraña, aunque algunas conseguían llevar una, breve, sonrisa a sus labios. O reuniones familiares, teniendo en cuenta que la única persona a la que le unía la sangre en ellas era su sobrina... pero hay muchos tipos de familia. O fiestas... aunque, tal vez, esas no contasen ya que el hecho de organizarlas y acudir a ellas suponía parte de sus labores. De todas maneras, teniendo en cuenta lo que se tomase en cuenta, la conclusión era siempre la misma: nada había funcionado. El color huía de su vida.
Hasta que dejo de hacerlo.
La primera vez que lo vio... no supo reconocer lo que era. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que pudo contemplar algo así. Pero poco a poco lo identificó... era muy parecido a como fue antes de perderlo pero no exactamente igual. Tal vez fuese porque, después de tanto tiempo viviendo en escala de grises, había perdido las facultades para poder apreciar todo el espectro de colores. Pero era color, al fin y al cabo. Algo sin lo que había creído que podría vivir y que al volver a sentir se había dado cuenta que se había limitado a sobrevivir.
Entonces creyó que volvería a perderlo.
Lo que la llevaba a aquel momento, en aquella habitación de hospital.
Habían pasado muchos años desde que había vivido algo similar, que no igual. En aquella ocasión sólo podía observar tras gruesas paredes de cristal, esperando impotente. Ahora estaba sentada, hablando a la persona que yacía en la cama ya que le habían dicho que eso podría hacerle bien. Hablaba de todo... de como había ido su día, del libro que se estaba leyendo, de la última travesura de su gata... De lo que fuese.
Y poco a poco, día a día, se daba cuenta de un detalle que la ponía, cada vez, más nerviosa. El detalle es que el color había vuelto a su vida. ¿El problema? Que era muy parecido a como fue la última, única, vez. De manera que se preguntaba, incesantemente, si lo bueno eran sólo las similitudes o si, en realidad, era todo el conjunto. Y esa pregunta la aterraba.

Finis.

jueves, enero 15, 2009

A long time ago...





La música sonaba en el interior del salón donde se celebraba el banquete de bodas mientras yo estaba en la terraza a solas con mi whisky. Realmente lo necesitaba esa noche, pese a que no suelo beber. Tal vez, con la suficiente cantidad de alcohol en mi cuerpo, dejase de doler. Lo más probable es que siguiese doliendo igual, sólo que al día siguiente me preocupase más la resaca que mi corazón herido. Pensándolo bien, eso era también un buen aliciente.
Seguía con mi whisky dándole vueltas a como me había dejado convencer para ir a ver como se casaba mi primer, y único, amor con alguien que no era yo cuando sentí que alguien se aproximaba. Dejando de admirar el paisaje para ver cual de los muchos desconocidos que también habían sido invitados a la boda era me sorprendí, y bastante, al comprobar que era alguien conocido. De hecho era el padre de la novia. El hombre me conocía desde que apenas levantaba dos palmos del suelo y me había visto pasar por todas las etapas posibles. Supongo que habría salido para escapar del calor y para comprobar que hacía aquí, a solas con un vaso de whisky que ni siquiera se podía decir que era del bueno.

- Buena fiesta, ¿verdad? Definitivamente tengo que acordarme de este sitio para otros banquetes como este.- Siempre me sorprendió la manera que tenía de iniciar las conversaciones. Ahora me diría lo majo que era su yerno y lo feliz que iban a ser. Justo lo que yo hubiese dado cualquier cosa por no tener que oír, ni ver ya puestos a pedir, pero que, como padre orgulloso, recalcaría.- De todas maneras... era más feliz contigo, ¿sabes? - En algún momento desde que acabo la frase hasta que conseguí volver a respirar sin ahogarme con el whisky mi cerebro acabó de procesar lo que había dicho. Que yo supiese, él nunca había sabido que su hija y yo habíamos estado saliendo, ¿verdad? - Pero es su decisión...
- ¿Qué? ¿Cómo sabía...?- No era una muestra extrema de elocuencia, desde luego. Lo achaco a los whiskies que había tomado antes del que casi consigue ahogarme.- Pero era lo que ella quería... y lo que creía que querían ustedes...
- ¿Qué te tengo dicho de seguir llamándome de usted después de todos estos años? Que alguna vez incluso tuve que cambiarte los pañales cuando tus padres te dejaban a nuestro cuidado... Y no se puede decir que la discreción sea uno de los puntos fuertes de mi hija. Además, la sonrisa con la que volvía cada vez que iba a "dar una vuelta contigo" en aquella época, y el hecho de que efectivamente iba contigo y no era una excusa para salir con otra persona, daba pistas.- A esas alturas él sonreía con los recuerdos y yo no sabía muy bien donde meterme. De hecho estaba rezando para que la tierra me tragase.- Siempre me pregunté que ocurrió para que, de la noche a la mañana, pareciese que habías desaparecido de su vida... Me sorprendió mucho el que aceptases venir a la boda, conociéndote como te conozco. Hasta que recordé que siempre quisiste verla feliz aunque eso te matase en ocasiones. Y respecto a lo que su madre y yo queríamos para nuestra hija... el problema esta en que siempre ha actuado sobre lo que piensa que queremos, sin preguntar que es lo que realmente queremos. Y sin darse cuenta de que, en lo que a su felicidad respecta, lo importante debería ser lo que ella quiera, no lo que nosotros o nadie desee.- En aquel momento creo que le miraba como si fuese la primera vez que le veía y él me sonreía triste, dándome un par de palmaditas torpes en la espalda.- De todas maneras... no te preocupes demasiado. Al final el tiempo pone todas las cosas en su sitio. O eso dicen. Y ahora será mejor que vuelva dentro... seguramente mi mujer se ande preguntando donde estoy. Pasate a saludarnos la próxima vez que estés por el barrio, ¿de acuerdo?

Se marchó de nuevo donde estaba la fiesta sin esperar que le contestase, dando por seguro como los dos sabíamos cuando todavía no había terminado de formular su petición que iría, y yo me quedé mirándole tratando de cerrar la boca y que mis ojos no se saliesen de sus órbitas. Definitivamente esa no era la conversación que esperaba tener con el padrino. Y, sobretodo, me llenaba de intriga la última frase... ¿Por qué parecía que había más en la invitación de boda que lo que parecía al principio una simple vuelta a trabar contacto? Bueno, tal vez el tiempo lo diría. De todas maneras no quería la esperanza de que, efectivamente, hubiese alguna posibilidad de algo. Después de todo era ella quien me había echado de su vida todos esos años atrás. Y quien se acaba de casar con alguien que, evidentemente, no era yo. Además lo que ocurrió entre ella y yo... fue hace mucho tiempo, demasiado.
Todo había cambiado.
Curiosamente, todo parecía igual.

Finis.

Tiempo que falta para cambiar a http://blog.thangtar.es

jueves, enero 01, 2009

Daydreaming



Feliz año a todos... y este año lo empiezo con un microrrelato de los mios. Espero que os guste y, a los que estéis con resaca, un par de aspirinas y la próxima vez no abuséis tanto del alcohol.
El título del relato es Daydreaming. No muy navideño pero viene inspirado por haber estado escuchando la canción "El 28" del grupo La oreja de Van Gogh.

***

El frío invernal me estaba congelando. Era algo inevitable mientras caminaba a toda prisa desde la puerta del edificio hasta donde había aparcado mi coche aquella mañana. A pesar de las capas de ropa, y de la ropa térmica que llevaba debajo del traje, sentía como mis dedos temblaban mientras sacaba las llaves del bolsillo de la chaqueta. Odio el frío, siempre lo he odiado y siempre lo odiaré.
Al llegar a mi coche recordé otro de los motivos por los que odio el frío: el hielo. Las lunas estaban cubiertas de una fina capa de escarcha que, evidentemente, había que quitar antes de poder, siquiera, pensar en volver a mi casa. De manera que cogí la rasqueta de su sitio, el compartimento en la puerta del conductor, mientras encendía el motor y ponía la calefacción así como encendía las lunas térmicas. Cualquier posibilidad de que, una vez en el coche, su temperatura interior sea un par de grados más alta que la exterior es siempre bienvenida. Hecho esto procedí a la monótona tarea de rascar la escarcha de las lunas y ventanas del coche, así como de los retrovisores, mientras mi cerebro, como no, divagaba.
Es en invierno, con el frío, cuando siempre pienso en las oportunidades perdidas y, como no, esta vez no iba a ser menos. Da igual que haya conseguido un trabajo que me gusta en un sitio donde, a pesar de la temperatura, me parece un buen sitio para vivir. Inevitablemente en los momentos donde mi mente no está ocupada con ocho millones de cosas, divago y me lamento. Y, sobretodo, recuerdo.
Recuerdo las palabras que hubiese querido decir pero nunca me atreví y las que dije y, nada más salieron de mis labios, deseé retirar. Recuerdo los gestos que no tuve y que hubiesen marcado la diferencia de haberlos tenido. Recuerdo cuantas veces cogí el teléfono para llamar pero, sin embargo, nunca conseguía pulsar ese número que, a pesar de los años, sigue grabado a fuego en mi mente. Recuerdo como siempre me refugié en el trabajo, en el deber, en las obligaciones.
Sin embargo esta vez las cosas fueron levemente distintas. Sí, seguía haciendo frío y, como tantas veces antes, había empezado a divagar. Pero apenas acababa de empezar a hacerlo mientras estaba rascando la escarcha y mascullando entre dientes sobre el frío que tenía, cuando sentí una mano en mi brazo. Me giré, pensando que tal vez fuese alguno de mis compañeros para decirme algo, y vi los ojos que creía que no volvería a ver jamás. La sonrisa que creía que sólo vería en mis sueños. Una parte de mi mente se preguntaba como podía estar allí a pesar del tiempo y, sobretodo, la distancia. La otra, la más importante, se centró en las palabras que salían de su boca.

- Hace mucho frío... si quieres te invito a un café y así aprovechamos para hablar, ¿te apetece?

Así, sin más. Como si no hubiese pasado más que unos días en vez de todos esos años. Como si estuviésemos en la misma ciudad donde nos conocimos en vez de a cientos de kilómetros de distancia. No obstante, y en contra de lo que siempre solía hacer, esta vez no lo pensé dos veces. Tal vez fuese un sueño pero mientras existiese la más mínima posibilidad de que no fuese así pensaba aferrarme a esa esperanza con todas mis fuerzas. De manera que apagué el motor del coche y lo cerré con llave para, a continuación, girarme y contestar.

-Claro, ¿dónde tenías pensado ir?



Finis.

****
Tiempo que falta para cambiar a http://blog.thangtar.es

lunes, diciembre 22, 2008

Los Secretos : Agárrate a mi María

Este video siempre ha despertado muchos sentimientos encontrados en mi. Crecí con esta canción porque mi madre solía, y suele, tararearla mientras cocina.
Después la asocié a una persona en partícular... pero esa persona se fue hace varios años.
Y ahora es una de las pocas canciones que soy capaz de escuchar con lágrimas en los ojos... no por nada en concreto. Como tantas cosas últimamente no puedo decir "es por esto" si no que es una sensación, una comezón, un algo indeterminado.
Los que me conocéis sabéis lo mucho, muchísimo, que odio las cosas indeterminadas.
Y es ese conjunto de sensaciones las que me motivan a hacer un microrrelato que tenía pendiente desde el verano. La frase: "Un cobarde muere mil veces, alguien valiente, sólo una."

***

La música sonaba en el interior del restaurante mientras los comensales comían y conversaban unos con otros. Sin embargo él apenas podia probar bocado. Se preguntaba si era así como se sentían los presos que esperaban en el corredor de la muerte: el estomago agarrotado, las manos sudorosas, buscando siempre una sálida que no iban a encontrar, rezando a Dios o al diablo por su vida aunque supiesen que nadie iba a hacer nada por ellos. Sin embargo y pese a estas sensaciones, o tal vez por ellas, no iba a ser valiente.

No podía.

No pudo hacerlo cuando la conoció tantos años atras en la universidad. Ni luego, más tarde, cuando ella siempre le lloraba en el hombro cuando algo salía mal con algún otro. Ni siquiera pudo juntar el valor suficiente cuando empezó a salir con su mejor amigo. Y, desde luego, no sería valiente el día que, sabía, la perdería para siempre.

No formaba parte de su naturaleza.

Y así ocurría que cada vez que su cobardía se ponía de manifiesto moría de nuevo. Una parte de su alma dejaba de sentir, de saber reír. Al final, se preguntó a sí mismo mientras hacía un esfuerzo para comer algo, habría muerto mil veces antes del día en que el médico firmase su certíficado de defunción.

viernes, octubre 10, 2008

Alcanzar la Inmortalidad

Tenía el estómago hecho una bola. Sentía como la sangre se agolpaba en sus oidos. El corazón le latía tan, tan fuerte que era muy probable que las personas con las que compartía ascensor lo oyesen. Conocía los síntomas.
Era miedo.
Tal vez la manera de llamarlo no fuese miedo, la palabra no indicaba toda la inmensidad del pánico que casi le impedía moverse, pensar, hablar. Sin embargo no podía perder el control, tenía que volver a encontrar su centro. Si dejas que huelan tu miedo, le había dicho su jefe, te comeran viva. De manera que no le quedaba otra que aparentar calma, respirar lentamente y dirigirse a su destino con paso tranquilo.
Que nadie notase que le sudaban las manos. Que nadie fuese capaz de oir el leve temblor de su voz al hablar. Que nadie se diese cuenta de que la mano con la que escribía era muy poco estable. Que, en ningún momento, pareciese que no sabía de lo que estaba hablando.
Con esas resoluciones, tan simples y a la vez tan complejas, abrió la puerta. Allí estaban. Contaba unas sesenta caras distintas observando con atención todos sus movimientos.
Subió a la tarima escuchando, como único sonido aparte de las respiraciones de la gente, el ruido de sus zapatos sobre el suelo.
Cogio una tiza. Se acercó a la pizarra. Escribió su nombre en ella, todavía en silencio. Tenía su atención. No habían olido su miedo. Al menos, todavía no. Se giro, poniendo su atención sobre el grupo que seguía observandola sin saber muy bien que hacer, como reaccionar.
Tan jovenes, pensó, ¿alguna vez fui yo tan joven?
Y entonces, por primera vez desde que salió de casa hecha un flan varias horas antes, habló:

- Hola a todos. Me llamo Andrea McKeena y voy a ser vuestra profesora de Calculo Diferencial.


*****

Por fin... el relato inspirado en el concepto "miedo". Lo tenía medio perfilado en la cabeza pero me he atrevido a escribirlo al ver este vídeo. Lo cierto es que una de esas personas que lo tienen fácil para alcanzar la inmortalidad es aquella que hace que sus conocimientos se transmitan, ya que siempre la recordaremos al utilizar lo que nos enseñó. Da igual que sean cosas tan, aparentemente, inútiles como Cálculo Diferencial, física teórica o la vida oculta de las moscas de la fruta. Si lo utilizamos, si hablamos de ello, recordaremos a esa persona.
Y debo reconocer que eso de plantarte delante de treinta, cuarenta, cincuenta personas a soltar un rollo que sabes que, probablemente, les de igual... requiere mucho valor.

miércoles, octubre 01, 2008

POR EL BOULEVARD DE LOS SUEÑOS ROTOS

Caminaba, escuchando a Sabina en el reproductor de música, dirección al lugar que albergaba sus mejores, y peores, recuerdos. Habían pasado más de diez años desde que atraveso aquella puerta por última vez y ahora volvía a una reunión de estudiantes. Diez años, se repetía una y otra vez, cuantas cosas han cambiando en diez años. Salió de allí llena de ilusión, con un futuro totalmente planificado y llena de esperanza. Y ahora, trás diez años , volvía triste y vacia.
Había conseguido muchas cosas, sí, pero muchas otras las perdía apenas llegaba a rozarlas con la punta de los dedos. Tenía el éxito, el dinero y la fama, no podía negarlo, pero esas cosas no te daban un abrazo cuando llegaba a casa cada noche agotada por un largo, y generalmente frustrante, día de trabajo. Ni la consolaban al colgar el teléfono después de otra frustrante conversación con su familia.
Sin embargo, sabía que ninguno de los asistentes a aquella fiesta lo verían así. Muchos envidiarían la fama, el dinero y el poder que había conseguido. Otros desecharían sus quejas ya que ¿qué derecho tiene a quejarse quien lo tiene todo? Y, tal vez, una persona la comprendería y la compadecería. Puesto que eran sus sueños los que la habían llevado a escoger ese camino, rechazando el que le ofreció en su momento.
Suspiró, apagando la música, mientras atravesaba las puertas del que fuera su colegio. Sabía que le esperaban viejos amigos, enemigos y su primer amor... buenos y malos recuerdos. Y más de un millar de sueños rotos.



Por el boulevard de los sueños rotos, video del disco Esta boca es mía de Joaquín Sabina

domingo, julio 27, 2008

Conceptos

Os propongo una cosa. Vosotros dais ideas para relatos (una palabra, frase o concepto) y yo intento escribir un relato corto con lo que eso me inspire. Tan simple como eso. Nada demasiado estricto, es decir, si me dais todo el argumento ahí es cuando me bloqueo, pero si cosas a partir de las cuales se puedan sacar historias y distintas interpretaciones.
A cambio... el que quiera puede hacer su propia interpretación sobre las propuestas o, si lo quiere, hacer esto mismo en su blog.

Relato: Too lost in you



Too lost in you - Sugarbabes

No podía evitarlo. Los sueños de estos últimos meses la estaban volviendo loca y, sin embargo, todos ellos eran increiblemente familiares. Las personas, las situaciones... gente que había conocido recientemente pero con la que soñaba en entornos que nunca hubiera podido imaginar.
En los diarios que había empezado a llevar ya aparecían bares, parques, tiendas, una especie de balneario (cada vez que recordaba ese último no podía evitar sonrojarse), una iglesia en ruinas... algunos de estos sitios que no había pisado en la vida o, de haberlo hecho, las circunstancias habían sido radicalmente distintas. Otros, lo había investigado, llevaban cerrados desde principios de siglo o, en el caso de uno de los bares, había sido pasto de las llamas. Un incendio con el que también había soñado.
Pero de todos los sueños tal vez el más inquietante era aquel en el que se había visto a sí misma. Bueno, no exactamente. La forma de moverse, de vestir, el acento... eran distintos. Pero físicamente eran la misma persona. La experiencia había sido, como poco, perturbadora.
Y la conversación extraña.
Una conversación donde se la invitaba a ser alguien que no creía pudiera llegar a ser nunca. Una protectora le había dicho. ¿Cómo podía proteger a nadie si era casi incapaz de cuidarse a sí misma? Sin embargo cada día, al despertar, sólo tenía que pensar en una persona para saber que, efectivamente, si podía hacerlo. Si podía ser todas esas cosas que era en sus sueños. Sólo tenía que cerrar los ojos, tomar aire e imaginarse su sonrisa orgullosa y entonces se sentía capaz de volar, levantar un edificio o enfrentarse a un ejercito. Después de todo sabía que era lo único que podía ofrecerle.
Aunque, curiosamente, cuando pensaba así casi parecía oir a su otro yo, la del acento diferente y la forma sofisticada de moverse, casi como una pantera perezosa, susurrarle al oido "¿Estás segura de eso?"

Finis.

miércoles, mayo 30, 2007

¿Por qué aullan los lobos a la luna?

Al principio, hace muchos muchos años, el sol y la luna caminaban entre nosotros. También lo hacían los espiritus de los animales, y de los bosques y las montañas. Los humanos aprendíamos de ellos, y los tratabamos como a respetados ancestros.
Un día, Lobo caminaba entre sus amados bosques y se encontró con una mujer hermosa con un aura muy poderosa por lo que intuyó, acertadamente, que se trataba de un poderoso espiritu. En efecto, se trataba de Luna, que estaba deleitandose de la noche estrellada.
Se presentaron cortesmente y, cuando Lobo le preguntó que estaba haciendo por allí ella sóla, puesto que por muy poderosa que fuese, también había otros poderosos espíritus de la naturaleza por aquellas tierras, le contesto que estaba esperando a Sol, su marido. Lobo se ofreció, cortesmente, a esperar con ella, por si acaso alguno de esos otros espiritus se acercaba. Poco antes del amanecer, Sol apareció para reunirse con su mujer y, trás saludar friamente a Lobo y agradecerle que acompañase a su esposa mientras que ella le esperaba, se la llevó de allí.
Varios días después, Lobo volvió a encontrarse con Luna en circunstancias parecidas y, de nuevo, le hizo compañia hasta que reapareció Sol. De nuevo este se porto educado pero frío con Lobo y acabó llevandose de allí a su esposa al poco rato.
Cada pocos días la situación se volvía a repetir y, poco a poco, con las conversaciones que mantenían Lobo y Luna mientras esperaban a Sol, Lobo fue enamorandose de Luna, pese a saber cuanto amaba esta a su marido. Y, también poco a poco, Sol iba siendo cada vez más hostil con Lobo, visiblemente celoso. Sin embargo, poco a poco Luna cada vez iba sintiendose más comoda con Lobo a su alrededor, aprendiendo lo que era tener a alguien que la escuchase y la mirase como si fuese lo más importante del universo (como podéis deducir, Sol estaba un poco pagado de sí mismo), pero, pese a lo que pudiese parecer, no sentía más que amistad por Lobo; y este lo sabía.
Finalmente, uno de esos días, estaba Luna muy triste puesto que, pese a todo lo que amaba a Sol, no conseguía que su marido se preocupase un poco más de estar con ella y un poco menos de recorrer el mundo observando a los humanos y deleitandose de su adoración hacia él. Hablando con Lobo sobre el tema, las lágrimas empezaron a caer de sus ojos, por lo que él la abrazó para consolarla, con tan mala suerte de que, en ese momento, apareció Sol. Les miró unos segundos antes de encenderse, literalmente, totalmente furioso y abofetearla, gritando y proclamando a los cuatro vientos que, ya que ella le había sido infiel, nunca volvería a mirarla cara a cara. Tras eso, salió del bosque sin mirar atras.
Lobo se sintió dividido entre sí salir detras de Sol y darle una lección por como había tratado a Luna o consolarla y cuidarla por el daño que le había hecho su marido y, finalmente, venció esta segunda opción. Cuando se giró para mirarla, vio que tenía un lado de la cara totalmente quemado y lloraba profusamente tanto del dolor como de la tristeza ante la actitud de su marido. Lobo la tomó entre sus brazos y la llevo a su cueva, donde le curó la cara y la cuidó hasta que estuvo totalmente recuperada de la odisea. Cuando ya estuvo lista para irse, habló con Lobo y le dijo:

-Te agradezco profundamente tu ayuda y tu amistad, pero me temo que debo irme de estas tierras puesto que, cada vez que hablo contigo, cada vez que te veo, no hago más que recordar lo que he perdido por los celos de mi marido... Respetaré su deseo y no volverá a verme, y antes de irme, quisiera agradecerte tu amistad, puesto que es lo único que ha evitado que hiciese alguna tontería. Como muestra de mi agradecimiento, tú y todos los tuyos podréis ver igualmente bien de día como cuando la unica luz que haya sea la mía.


Diciendo eso, salió de la cueva, sin mirar atras y ocultandose la parte quemada de su rostro. Cuando Lobo estuvo seguro de que ya no podía oirle, empezó a llorar y aullar de dolor puesto que, pese a que sabía que sólo podría tener amistad, incluso eso lo había perdido por los celos de Sol.

Muchos años más tarde, los espiritus dejaron de andar entre nosotros, pero todos los descendientes de Lobo conocían la historia de su ancestro y compartían su tristeza. Por eso, aullan lastimeramente cada vez que ven la Luna y, también por eso, hacen la mayoría de su vida de noche, con la esperanza de que si pasan todo el tiempo que puedan bajo su atenta mirada, finalmente se apiadará de su ancestro y volverá a su lado, aunque sólo sea para compartir su amistad.
También es por eso que la Luna nos muestra siempre el mismo lado de su cara, puesto que el que oculta tiene la cicatriz que Sol le causó y, finalmente, es por eso que nunca veréis al mismo tiempo en el cielo al Sol y a la Luna.


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Bueno, ahí va la respuesta a la pregunta que hice hace unos días sobre el motivo por el que los lobos aullan a la luna. Esta hecho en una media hora entre clases, así que lamento que el estilo no esta exquisitamente cuidado.

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